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Rooibos, la magia de una corteza

Rooibos significa arbusto rojo en Afrikaans, una de las lenguas surafricanas. Así que cierra tus ojos he imagina un arbusto de tamaño mediano, con hojas verdes despelucadas de la raíz hacia el cielo y pequeñas flores amarillas posadas en las ramas verticales. Este arbusto está principalmente en las montañas de Cederberg en el continente africano, un lugar semi desértico con un cielo despejado la mayor parte del año.

Y así como el cielo despejado de las montañas donde crece el arbusto rojo del cual proviene el rooibos, así son los efectos de esta corteza que no tiene ni teína ni cafeína, razón por la cual ha tomado un gran impulso en los últimos años.  Gracias a su alto nivel de antioxidantes es una infusión que sirve como herramienta para combatir enfermedades degenerativas, ayuda con el cuidado de la piel, regula los problemas digestivos y es un gran desinflamatorio.

Existen dos variaciones del rooibos, vienen del mismo arbusto, pero su proceso de oxidación arroja un rooibos rojo y otro verde. El rojo tiene un sabor más amaderado, dulce e intenso y el verde un sabor más herbal. Ambos se preparan de la misma manera, pones a hervir agua y la viertes sobre la bolsa, deja que la infusión suelte entre 4-5 minutos y mi recomendación es que retires la bolsa. No es necesario, pero si la dejas infusionar por más de 10 minutos puedes tener una bebida un poco amarga y perder el dulzor natural de la infusión.

Algunos buenos momentos para disfrutar de esta infusión son después de almuerzo, si sientes algún malestar estomacal o antes de ir a dormir.

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